A los trece años empacó sus cosas y decidió mudarse a la ciudad de México. Con un futuro en la televisión como promesa, Mariana ahora se da cuenta de que este sueño se ha vuelto ya una seductora realidad.
Como muchas niñas, Mariana soñaba con salir en la televisión cuando fuera grande. La ilusión, como en otros casos, no dejaba de ser sólo eso: una imagen lejana y casi inalcanzable que empezaría a tomar forma cuando un tío intervino en una labor de mecenas, trayéndola al Distrito Federal. “Nunca imaginé que viviría en la ciudad de México; era una simple niña de León, Guanajuato, que disfrutaba de su vida tranquila, cuidando a los pequeños de la familia”, cuenta la actriz mientras aclara que la idea inicial de mudarse a los trece años consistía en pasar un verano en la gran ciudad y de paso buscar algunas entrevistas y trabajos eventuales en televisión. “Tanto mi madre, como el resto de la familia, creían que volvería un mes después. El único que realmente confiaba en esta aventura era mi tío Roberto, quien me inscribió en la escuela, adaptó una de las habitaciones de su casa para mí y se encargó de llevarme y traerme por todos lados al principio.”
Crecer sin buscarlo
El contraste entre ser la hija mayor entre cinco hermanos, en León, Guanajuato, a ser la única atención de su tío en la capital, generó un cambio vertiginoso en la vida de Mariana. Esto no sólo la ayudó a madurar más rápido, sino a descubrir su potencial y talento. “Cuando llegué, me quería comer al mundo. Ni siquiera medía las consecuencias de mis actos. Un día, me fui a un casting; dieron las siete de la mañana del día siguiente y seguía sin avisarle nada a mi tío. Después de un buen regaño, caí en cuenta de que esto ya no era provincia”, aclara, mientras asegura que ahora es mucho más responsable y cuidadosa; hoy comprende mucho mejor los alcances de sus acciones.
Aun cuando se encuentra muy consciente de que la decisión de venir la tomó muy chica, no se arrepiente un ápice de haberlo hecho y está segura de que lo volvería a hacer de la misma manera. “Veo a mis hermanos chicos y entiendo lo joven e inmadura que era cuando me mudé. Mi hermana de 16 años, por ejemplo, me ha platicado sobre sus intereses de venir a seguir mis pasos y claro que la voy a apoyar. Simplemente me gustaría que primero termine de estudiar y después, con un poco más de experiencia de vida, traerla”.
Un poco de suerte
Basta un poco de memoria, para que Mariana –riéndose- recuerde sus primeros pasos en la televisión mexicana. Aún se pregunta, agradecida, cómo diablos fue que consiguió trabajo. “Era una niña sin experiencia; no había estudiado nada relacionado con la actuación y si ves mis primeras escenas en telenovelas, realmente era mala… malísima”.
En ese primer andar por el mundo de la farándula, definitivamente ese rostro de telenovela, como ella misma lo define, así como un físico bien cuidado le valieron la entrada a diferentes programas. “No digo que sea yo guapísima o algo por el estilo, pero en definitiva mi apariencia ayudó mucho”, dice al tiempo que su sonrisa acaba por acentuar el punto que explica.
Perseguir una pasión requiere de sacrificios. Ya sea pasar largas horas en castings o las arduas jornadas durante la grabación de una telenovela; sin embargo, la guanajuatense de 26 años asegura que para ella no es una carga. “Mis amigos insisten en que es un trabajo muy pesado, y que no ha sido nada fácil para mí. Pero cuando algo realmente te gusta, creo que no lo ves como un sacrificio”. Tras meditar un poco esa sentencia, coincide en que si bien ha invertido la mayor parte de su vida en esta pasión, tampoco le sería imposible dejarla de lado para buscar asentarse en un hogar e iniciar una familia. “Siempre me vi a los 26 años ya casada y con hijos, pero creo que eso es algo que no se planea con facilidad.”
Acariciando el sueño
“Si uno pasa demasiado tiempo pensando las cosas, corre el riesgo de que éstas nunca sucedan”, comenta Mariana. Ella, si bien se ha entregado en varias ocasiones a sus impulsos, nunca ha salido mal librada de ellos. “Conseguí lo que muchas otras (actrices) buscan: ir a grabar a Miami y no perder oportunidades en México. Pero la tierra llama y a los tres años volví”; en ese tiempo, afirma, absorbió lo que pudo de la ciudad y ahora queda en ella el recuerdo de un destino con muy buena fiesta y amplias opciones para hacer shopping. Pero nada más… pues no se imagina viviendo ahí.
Convencida de que las cosas pasan como deben, la actriz, que ahora participa en la telenovela Huérfanas, siempre ha confiado en que su buen trabajo y actitud positiva constituyen la combinación perfecta que la mantiene vigente en el escenario. “Realmente soy muy mala vendiéndome; por eso tengo a alguien que se encarga de llevar mis relaciones públicas. No sé, es difícil hablar bien de uno mismo”, asegura humildemente y confirma que si bien la actuación es en estos momentos lo más importante de su vida, nunca descarta la posibilidad de abrir un restaurante, un spa o alguna otra empresa propia que le permita un ritmo de vida más relajado.
Por el momento, sus planes inmediatos son incursionar en el teatro y, posteriormente, si la oportunidad aparece, en el cine. “Hacer teatro es algo necesario para cualquier actor, te da otras tablas y otro status. No puedes quedarte con el miedo a intentarlo”.