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CUERNOS IMAGINARIOS 13 enero 2012 Sección: Galería de portada, Hey Hombre, Sexo ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
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La imagen de Alejandro, echándose encima de Juan –el amigo de Mariana- e intentando arreglar a puñetazos sus sospechas, nos dejó desconcertados. Y no sólo porque Alejandro fue reducido con un derechazo que lo sentó sin más en el piso. Es que aquel tipo de pinta seria, exitosa y prudente, se había convertido ahora en un guiñapo que salía por la puerta de atrás de la fiesta, ante las miradas reprobatorias de todos. Alejandro tenía un buen trabajo, un buen auto, empezaba a pagar su propio departamento y acababa de conquistar a Mariana. Lo que Alejandro desconocía es que ella era una chica popular y estaba llena de amigos. No fuck buddies ni fajes ocasionales. Simples ‘amigos’ que la trataban con un afecto tal que rayaba en la devoción. La llevaban en carro a las fiestas, la acompañaban a comprar ropa, salían de viaje juntos, tenían pláticas nocturnas por teléfono, incluso le pagaban el cine o alguna cena. Mariana era amable con quien se le acercara y cuando el nuevo novio llegó a su vida, no pensó por un momento en la separación de esos compañeros. Tampoco escondió nada. Le contó a Alejandro que tenía un amigo masajista con unas manos increíbles y que de vez en cuando se ofrecía a darle una consulta gratuita cuando ella estaba estresada. Le contó de otro amigo en el gimnasio que la había defendido de un tipo que intentaba acosarla. Eran personas con quien ella contaba. Por eso los estimaba tanto, eran parte de su vida. Y una parte de Alejandro entendió. Pero el otro Alejandro, el secreto Mr. Hyde de sus inseguridades y complejos, empezó a encenderse cuando veía en las redes sociales tags o mensajes referentes a Mariana: “mi niña”, “bonita”, “q guapa estás”, “tqm”, “cuándo nos vemos”, “te invito a…”. Alejandro comenzó a pedirle un recuento detallado de las fiestas, reuniones o salidas. Exigió horarios, lugares. Después, tuvo otra pésima idea: ofreció a Mariana que como prueba de confianza intercambiaran passwords de sus cuentas y celulares. Ella, que no veía ningún problema, lo hizo. Entonces, los fantasmas se dispararon. Alejandro hurgó en el archivo de conversaciones, vio coqueteos, insinuaciones, mensajes de amigos o antiguos amantes. “Con todos menos conmigo”, escribió Alejandro en el correo que nos mandó después a todos, intentando justificarse. Y aunque Mariana no parecía hacerle caso a nadie más, Alejandro se empeñó en hacerse una certeza, que condujo finalmente a Juan, el amigo gay, paño de lágrimas y confidente número uno de Mariana; el delicado y musculoso Juan que lo repelió de un solo golpe en esa fiesta. Y es que, aunque parezca marca registrada, la sensación incontrolable de celos no es exclusiva de las mujeres. Los hombres podemos hacer tantos desfiguros como ellas, con una intensidad que sorprende. No importa qué tan seguros o cerebrales parecemos, no es gratuito que los celos masculinos sean una de las causas más frecuentes de violencia hacia la mujer y uno de los principales motivos en feminicidios. Los hombres tememos más una infidelidad sexual que una emocional. Es el llamado de la selva lo que se activa; hipotálamos y amígdalas, estructuras cerebrales ligadas a la agresividad sexual. La posesión del otro y la seguridad individual ante la tensión del placer y la amenaza. Pero en esta escala, Alejandro era el ganador y se esforzaba en jugar desde el lado de los perdedores. Era el CEO y se obstinaba en verse como un mero aspirante. No se dedicó a hacer su vida, no se centró en sus posesiones ni habilidades. Bloqueó su inventiva. No tomó el control, no revirtió el juego, tampoco se colocó donde tenía la ventaja. Ni siquiera creó los celos de Mariana usando sus propias virtudes, llevándola a su territorio, apelando a sus amigas y sus conquistas de antaño, obsesionado como estaba en descubrirse los cuernos. Alejandro nunca reconoció el lastre de aquellos amigos y que Mariana no iba a dejarlos. No habló claro, simplemente inició su persecución. Y pensando que se enfrentaría al eslabón más vulnerable, se topó con una curación en la mandíbula y perdió a la novia en el camino. Jamás se hallaron pruebas en contra de la inocencia de Mariana, que sigue yendo cada dos viernes por la noche a relajarse con su amigo el masajista. Por T. Hernández |














